Santo Domingo. – La República Dominicana está de fiesta, ya que un día como hoy en 1844 la heroicidad y sacrificio de un grupo de hombres y mujeres hizo posible la creación de un Estado libre e independiente en esta porción oriental de la isla Hispaniola constituido desde entonces en el hogar común e intemporal de las generaciones que sucesivamente honran su memoria con reafirmaciones de compromiso con sus ideales patrios. El sentido de dominicanidad, que desde antes ascendía en los espíritus de los integrantes de la sociedad libertaria de Los Trinitarios, emergió para consolidarse contra todo propósito de dominación extranjera.
La conciencia de que había que luchar juntos para echar adelante un proyecto republicano y democrático superó las contradicciones sociales y políticas acentuadas durante la ocupación haitiana, que se inició en 1822 con drasticidad de botas y sangre extendiéndose después contra la naciente República. Campesinos, hateros y artesanos de la rusticidad urbana de entonces se colocaron en torno al liderazgo de Juan Pablo Duarte y de quienes junto a él articulaban acciones emancipadoras e infundían confianza en la capacidad de constituirse en una nueva comunidad nacional con identidad propia y lazos comunes en lo cultural, lingüístico e históricos contrapuestos a quienes dos decenios antes mancillaron su suelo con imposición de yugo.
Un propósito de reciedumbre que no pereció y conservó vitalidad para lanzar a la nación a una guerra de restauración de la soberanía perdida tras la anexión a España en 1861 impulsada por Pedro Santana y que duró hasta 1865 cuando fue recuperada con una decisiva lucha guerrillera liderada por Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, Benito Monción, José Antonio Salcedo y Gaspar Polanco, quienes utilizaron tácticas de guerrillas para echar a las tropas españolas del territorio nacional.
Algunos desafíos contemporáneos justifican que los dominicanos de hoy se reafirmen en sus derechos soberanos porque, entre otros aspectos, cíclicamente se perciben actitudes injerencistas de organismos internacionales que se extralimitan con críticas y rechazos a las políticas de regulación a la presencia de extranjeros en el territorio nacional al margen de normas internas en la plenitud de su vigencia.
