València (EFE).- Más del 80 % de las mujeres en España ve condicionada su vida cotidiana y solo una de cada seis logra mantener su rutina diaria, según revela un macroestudio con más de 4.000 participantes que ha analizado cómo el estigma menstrual influye en la vida cotidiana, la participación social y el bienestar.
El trabajo, liderado por el Instituto Ingenio, centro mixto de la Universitat Politècnica de València (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), muestra que sólo el 15,4 % de las participantes mantiene su vida cotidiana sin cambios durante la menstruación, según un comunicado del CSIC.
El estigma en el ámbito laboral y educativo
En el ámbito educativo y laboral, muchas participantes describen haber acudido a sus centros de estudio o trabajo pese a experimentar dolor intenso, náuseas o fatiga. En concreto, mientras que el 41 % de las encuestadas se ha ausentado en alguna ocasión por estos síntomas, un 44 % afirma no haber interrumpido su asistencia por motivos menstruales.
Los testimonios recogidos muestran que, incluso ante síntomas incapacitantes, algunas mujeres continúan asistiendo por miedo a perder el empleo o a ser percibidas como menos comprometidas.
“A menudo, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad legítima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad. En un contexto donde la menstruación se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles, mostrar vulnerabilidad puede percibirse como un riesgo colectivo”, apunta Sánchez-López.
El estudio recoge testimonios de burla y situaciones de humillación relacionadas con la menstruación que las participantes sitúan tanto en la adolescencia como en la vida adulta. En etapas tempranas, estas experiencias suelen manifestarse en forma de comentarios o ridiculización por parte de compañeros de clase o amigos, mientras que en la edad adulta se expresan con mayor frecuencia a través del rechazo o de actitudes condescendientes en el entorno cercano, como parejas o compañeros de trabajo.
Los resultados también muestran cómo la menstruación se ha utilizado para cuestionar o desacreditar emociones, decisiones o conflictos en contextos cotidianos, especialmente en el ámbito interpersonal o doméstico.
“Estas situaciones refuerzan estereotipos que vinculan la menstruación con falta de control emocional o irracionalidad, lo que puede traducirse en una menor credibilidad”, señala Rocío Poveda Bautista, investigadora de Ingenio y coautora del estudio.
Educación, información y empatía
Frente a estas barreras sociales y laborales, los resultados también identifican factores protectores que fomentan el bienestar, la salud y la resiliencia durante el ciclo menstrual.
El equipo investigador señala que contar con entornos comprensivos y flexibles —en el trabajo, la escuela o la familia— contribuye a reducir el impacto del estigma y facilita una mayor participación y bienestar.
“Las experiencias más positivas se asocian a contextos donde hablar de menstruación no genera incomodidad y donde se reconocen las necesidades físicas o emocionales vinculadas al ciclo”, afirma Santiago Moll López, del Departamento de Matemática Aplicada de la Universitat Politècnica de València y coautor del estudio.