Durante los meses de otoño e invierno, la capacidad del organismo para sintetizar vitamina D disminuye, ya que la radiación solar disponible no resulta suficiente para activar el proceso en la piel.
Esta realidad estacional convierte a la llamada “vitamina del sol” en uno de los nutrientes más difíciles de sostener en niveles adecuados sin una estrategia dietética y, en algunos casos, suplementaria. La situación adquiere especial importancia porque interviene en la absorción de calcio, además de participar en el funcionamiento del sistema inmunitario.
Sin embargo, no todas las personas presentan el mismo riesgo de deficiencia ni necesitan recibir suplementos. La edad, los hábitos cotidianos, la alimentación y ciertas enfermedades influyen en los niveles, por lo que los especialistas recomiendan evaluar cada caso y evitar la automedicación.
Cuál es la principal fuente de vitamina D
El cuerpo humano obtiene vitamina D por dos vías principales: la exposición a la luz solar y la alimentación. La primera es, con diferencia, la más relevante. Según la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), cuando la radiación ultravioleta de tipo B (UVB) incide sobre la piel descubierta, activa una reacción química que el organismo convierte finalmente en vitamina D3.
Este mecanismo depende de múltiples factores: la estación del año, el horario, la cobertura nubosa, el uso de protector solar, el tono de piel y la edad. Las personas mayores y quienes tienen la piel más oscura producen menos vitamina D a partir del sol. Además, la radiación UVB no atraviesa el vidrio, por lo que la exposición solar a través de una ventana no activa la síntesis.
Una vez en el organismo —ya sea por la piel o por la dieta—, la vitamina D atraviesa dos transformaciones: una en el hígado y otra en los riñones, hasta alcanzar su forma activa. Esta versión final regula la absorción de calcio en el intestino, sostiene la mineralización ósea y participa en funciones neuromusculares e inmunitarias.
Cómo obtener los niveles de vitamina D saludables en invierno
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés) señala que, entre octubre y principios de marzo, la radiación solar en latitudes templadas no alcanza la intensidad necesaria para que la piel fabrique cantidades suficientes de vitamina D.
Por eso, recomienda que durante el otoño y el invierno toda la población considere tomar un suplemento diario de 400 UI de vitamina D (equivalentes a 10 mcg). Las recomendaciones varían según la región: la Federación Latinoamericana de Endocrinología (FELAEN) sugiere para adultos una dosis de 2.000 UI diarias, con un máximo de 4.000 UI por día.
Fuente: Infobae


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